Por ser el apoyo de nuestro cuerpo, los pies simbolizan la estabilidad y la firmeza. Son el medio de locomoción, por eso también pueden representar la libertad.Al estar en contacto con la tierra y el polvo, representan lo más bajo y humilde. “Ponerse a los pies” de alguien es un gesto de servicio y humildad.
Los pies de Jesús
El acto de lavar los pies, en la época de Jesús, era obligación del esclavo hacia el amo, de los hijos a los padres y de la esposa al marido, aparece hecho por el mismo Jesús en la última cena en Jn 13, 1-20.
El acto encierra un sentido paradojal:
Jesucristo es el Señor a los pies de quien están sus fieles, pero este Señor decide ponerse El mismo a los pies de sus discípulos para realizar un servicio humilde.
El mandato de los vers. 12-15 señala que esta acción del Señor y Maestro es un ejemplo que los discípulos deben seguir.
Miramos ahora las ocasiones en que son los pies del propio Jesús los que reciben algún gesto de amor, devoción o cuidado por parte de otras personas:
En todos los casos, quienes se ponen a los pies de Jesús están reconociendo su autoridad y superioridad, ya sea como maestro, sanador o Señor. Se podría afirmar que en la escena de los enfermos que, puestos a sus pies, son sanados (Mt 15,30), o en la del samaritano que vuelve para dar gracias (Lc 17,16), aparece más claramente el reconocimiento de Jesús como Señor, ya que El tiene el poder para sanar . El gesto de Jairo (Mc 5,22) o de la sirofenicia (Mc 7,25) combinan este sentido junto con la actitud corporal humilde de quien se pone a los pies para pedir. Cuando María, la hermana de Marta, en Betania (Lc 10, 39) escucha atentamente a los pies de Jesús, a simple vista parecería describirse la actitud típica del alumno (alumna en este caso) escuchando al maestro. Sin embargo, Lucas dice que María está a los pies del Señor, con lo cual el gesto no pierde su polisemia. Esta misma María, hermana de Marta, es quien en Jn 11,32-33 cae a los pies de Jesús y lo llama Señor.
Jesús es destinatario del lavado de pies, hecho por mujeres, en la comida de Betania, cuando María unge los pies de Jesús con perfume y los seca (Jn 12, 1-11), y en Lc 7,36-50. En ambos casos, las mujeres ungen con perfume y secan con sus cabellos; la pecadora de Lc 7, además de ungir, moja con sus lágrimas como especial forma de lavado.
Miramos ahora las ocasiones en que son los pies del propio Jesús los que reciben algún gesto de amor, devoción o cuidado por parte de otras personas:
En todos los casos, quienes se ponen a los pies de Jesús están reconociendo su autoridad y superioridad, ya sea como maestro, sanador o Señor. Se podría afirmar que en la escena de los enfermos que, puestos a sus pies, son sanados (Mt 15,30), o en la del samaritano que vuelve para dar gracias (Lc 17,16), aparece más claramente el reconocimiento de Jesús como Señor, ya que El tiene el poder para sanar . El gesto de Jairo (Mc 5,22) o de la sirofenicia (Mc 7,25) combinan este sentido junto con la actitud corporal humilde de quien se pone a los pies para pedir. Cuando María, la hermana de Marta, en Betania (Lc 10, 39) escucha atentamente a los pies de Jesús, a simple vista parecería describirse la actitud típica del alumno (alumna en este caso) escuchando al maestro. Sin embargo, Lucas dice que María está a los pies del Señor, con lo cual el gesto no pierde su polisemia. Esta misma María, hermana de Marta, es quien en Jn 11,32-33 cae a los pies de Jesús y lo llama Señor.
Jesús es destinatario del lavado de pies, hecho por mujeres, en la comida de Betania, cuando María unge los pies de Jesús con perfume y los seca (Jn 12, 1-11), y en Lc 7,36-50. En ambos casos, las mujeres ungen con perfume y secan con sus cabellos; la pecadora de Lc 7, además de ungir, moja con sus lágrimas como especial forma de lavado.
* Ponerse a los pies tiene las características de un acto de adoración a Jesús, el Señor, ante quien se postra humildemente la mujer pecadora . Como en las teofanías, ella sólo puede llegar a los pies del Señor. Jesús interpreta este gesto como un autoreconocimiento de los muchos pecados que ella tiene.
*Es un tributo a la dignidad de Jesús como huésped, que debe ser honrado. La escena insiste en este contrapunto entre lo que el dueño de casa debía haber hecho y no hizo, y por el contrario sí lo realizó la mujer que irrumpió en la comida. Como ocurre en la curación de los diez leprosos (Lc 17,11-18), el gesto de reconocimiento hacia Jesús, proviene de quien la sociedad menos lo esperaba.
*Realizado por una mujer hacia un varón que no es ni su amo, ni su huésped, ni su marido, es un gesto de amor inusual. Aquello que a los ojos de la sociedad -expresado aquí claramente en el soliloquio del fariseo- aparece como un acto impúdico e indecente, para Jesús merece destacarse como demostración de amor. Jesús no rehúsa el gesto de la mujer, y al contrario, llamará la atención de Simón sobre esto. “Ponerse a los pies” es un gesto de servicio y humildad.
*Es un tributo a la dignidad de Jesús como huésped, que debe ser honrado. La escena insiste en este contrapunto entre lo que el dueño de casa debía haber hecho y no hizo, y por el contrario sí lo realizó la mujer que irrumpió en la comida. Como ocurre en la curación de los diez leprosos (Lc 17,11-18), el gesto de reconocimiento hacia Jesús, proviene de quien la sociedad menos lo esperaba.
*Realizado por una mujer hacia un varón que no es ni su amo, ni su huésped, ni su marido, es un gesto de amor inusual. Aquello que a los ojos de la sociedad -expresado aquí claramente en el soliloquio del fariseo- aparece como un acto impúdico e indecente, para Jesús merece destacarse como demostración de amor. Jesús no rehúsa el gesto de la mujer, y al contrario, llamará la atención de Simón sobre esto. “Ponerse a los pies” es un gesto de servicio y humildad.







muchas gracias a quien ha querido poner esta reflexion sobre ponerse a los pies del maestro esta muy bueno para reflexionar Benciones.
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